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The Times that are a-Changin’
By Polietileno | July 22, 2009

Hace mil quinientos años atrás, Heráclito de Efeso, filósofo del fuego, hizo una alegoría digna de ser recordada en estos tiempos:
“Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río”
Para el griego, el mundo era de fuego y el fuego significaba el constante movimiento de la energía y la materia, con lo cual era imposible que, luego de un momento determinado, los objetos sean los mismos: Ningún río siempre igual a ser igual. Ningún hombre, tampoco.
Volvamos a nuestros tiempos, en dónde luego de años de inventos, patentes y experimentos, hemos llegado a un punto en dónde ningún hombre del pasado hubiera imaginado la cantidad de información a la mano: Ningún hombre hubiera imaginado la velocidad que las cosas han tomado: Si durante los siglos y siglos de la humanidad, la información científica (aquella considerada como esencial para el desarrollo de una sociedad) fue yendo de mano en mano y de oído a oído de unos pocos afortunados hasta el punto que la misma creatividad humana resolvió el problema: Las mejoras en la comunicación, que van desde la invención de la Imprenta en 1454, pasando por el telégrafo, la radio, la televisión y finalmente los medios digitales han abierto más y más la posibilidad de acceder a conocimientos que son -muchas veces- fuera de la conciencia dentro de la vida diaria de una persona.
El modelo que nosotros tenemos ahora para ordenar al conocimiento es un modelo económico: Con las Revoluciones (en especial la Francesa) pasamos de un modelo de autoridad legítima (muchas veces bajo un principio militar o religioso) a un modelo de derechos: Los seres humanos con derecho a la igualdad, la seguridad personal, el desarrollo personal y cómo no, a la propiedad. Durante los años posteriores, todo el mundo se llenó la boca con el tema de la democracia y la igualdad ante la ley: Pero pocos reconocen que son los derechos de tener propiedad y poder lucrar con ella lo que ha hecho que este mundo siga en constante movimiento: Los modelos sociales posteriores (como el Marxismo, siendo este él más conocido, pero no el único) siempre han enfocado sus problemas en resolver en dónde debe recalar el excedente lucrativo, en qué manos debe estar la producción y finamente quiénes se benefician de ella: Siempre tratando de cambiar la forma en que fue establecido el orden burgués.
Con la propiedad en las manos, el Siglo XIX fue una época de avance científico sin presentes: Las oficinas de Patentes de Europa y Los Estados Unidos se llenaron de solicitudes de personas que estaban en todo su derecho de poder lucrar con su ingenio: Así fue como gente como Tomás Alva Edison se hizo millonario: Otros, como Nikola Tesla (Feliz Cumpleaños atrazado), no tuvieron tanta suerte.
Cómo no, hubo gente que pensó que las cosas iban a dejar de moverse: Charles Duell, Presidente del Comité de Patentes norteamericano, dijo célebrente que “Todo lo que puede ser inventado – Ya ha sido inventado”. Iluso. Esto fue a la vuelta del siglo, en 1899; Durante el siguiente siglo, inventos como los Tanques, los Cohetes Espaciales, la Televisión, las reproducciones fonográficas y el Internet cambiaron el mundo para siempre. El cambio es inevitable, a pesar de la voluntad del ser humano.
El sistema funcionó muy bien durante los siguientes 200 años, dada a su naturaleza: Un invento tenía valor, ese valor era transformado en un precio que garantizaba su acceso a quienes podían pagarlo. Es así como nuestras casa se llenaron de refrigeradoras, televisores, cocinas eléctricas, focos, radios portátiles y computadoras. Con los objeto físicos, siempre es fácil discernir su posible valor: Podemos imaginar una línea de ensamblaje creando productos uno tras otro. Hasta ahí, todo bien.
¿Pero, que podemos decir de la obra artística?
Era más fácil cuando su reproducción era física: Uno compraba un disco, una película o una representación plástica, ya que eran objetos físicos. Citando a Walter Benjamin, en su ya clásico trabajo, “La Obra de Arte en la época de la reproducción plástica”:
Frente a todo ello, la reproducción técnica de la obra de arte es algo nuevo que se impone en la historia intermitentemente, a empellones muy distantes unos de otros, pero con intensidad creciente.La obra de arte ha sido siempre fundamentalmente susceptible de reproducción. Lo que los hombres habían hecho, podía ser imitado por los hombres. Los alumnos han hecho copias como ejercicio artístico, los maestros las hacen para difundir las obras, y finalmente copian también terceros ansiosos de ganancias.
El arte, cualquier arte, posee un doble nivel de valoración: No sólo se paga por el objeto, sino también por el contenido. Es ahí el quid del asunto: Los contenidos también son -bajo ese esquema- sujetos a una regulación de patentes y de derechos de autor. Cosa que no está mal: Yo como una persona que produce textos para sobrevivir, reconozco que no se puede vivir del aire (aunque el tamaño de mi nariz garantiza una buena cuota de oxígeno). Nuestro trabajo tiene que llegar a ser reconocido, obviamente. Pero, tampoco podemos evitar pensar que las cosas siguen siendo lo que eran. Los tiempos cambian, y esto me permite a mi poder elegir que tipo de destino le quiero dar a mi obras: Citando a Eduardo Villanueva:
Marco (Sifuentes) reivindica el discurso libertario del movimiento A2K, que sostiene que no debe limitarse el acceso a la cultura y al conocimiento que las tecnologías de información y comunicación permiten. Los padrinos intelectuales de esta posición son Lawrence Lessig y desde un ángulo más cerrado, Richard Stallman. Massé en cambio toma la postura pro-derechos propia del representante de una asociación de derechos colectivos, la APDAYC, que sostiene que los creadores intelectuales tienen derecho a recibir retribución por sus creaciones, y que finalmente sin ellas no hay incentivos para crear.
El debate entre la cultura vs. la propiedad está abierto. Y no es el debate entre el pirata y el autor, en donde la discusión es sobre la pertenencia de los derechos de copia y el lucro que se hace con ella: Aquí nadie va a defender a quienes copian libros (y muchas veces mal copiados) y los venden como si fueran propios. Aquí la discusión, como se está dando aquí, aquí y aquí es sobre si una organización que no pertenece al gobierno ni es un ente regulador tiene el derecho de actuar como inquisidores en nombre de los derechos de los demás.
Ahí tenemos un problema: ¿Hasta qué punto los derechos de APDAYC como organización puede atropellar los derechos de las persona de a pié, de los músicos que están afiliados y de aquellos como yo que hemos decidido usar otro modelo de negocio? Todo radica en el poder: Mientras que en otros lugares como en España y EE.UU. tratan de socavar los cambios tecnológicos con medidas reaccionarias como el “Canon digital” para seguir teniendo los mismo de siempre: El poder. Si, si, todo es una cuestión de que aquellas empresas que están perdiendo millones sigan teniendo su tajada del mercado, muchas veces por encima de los mismos músicos a quién deberían proteger: No importa si en el proceso se abusa de mi derecho de escuchar radio a todo volumen, el derecho de un grupo a dar un concierto, o el derecho de un tercero a crear un compilado de canciones para su uso personal. Otra vez citando a Benjamin:
La proletarización creciente del hombre actual y el alineamiento también creciente de las masas son dos caras de uno y el mismo suceso. El fascismo intenta organizar las masas recientemente proletarizadas sin tocar las condiciones de la propiedad que dichas masas urgen por suprimir. El fascismo ve su salvación en que las masas lleguen a expresarse (pero que ni por asomo hagan valer sus derechos). Las masas tienen derecho a exigir que se modifiquen las condiciones de la propiedad; el fascismo procura que se expresen precisamente en la conservación de dichas condiciones. En consecuencia, desemboca en un esteticismo de la vida política. A la violación de las masas, que el fascismo impone por la fuerza en el culto a un caudillo, corresponde la violación de todo un mecanismo puesto al servicio de la fabricación de valores cultuales.
Cuando una asociación pierde el norte y la misión en la que fue creado, se llegan a estos extremos. Si una organización es corrompida en sus principios, entonces estamos en una situación en la cual uno se pregunta sí es necesario que siga existiendo, si hace más mal que bien no sólo a los consumidores, sino también a los mismos artistas, muchos de ellos que son maltratados usando su propio nombre. Y más aún, cuando las cosas comienzan a agarrar velocidad, como dice Andrea Naranjo.
“Ian Bird, líder del proyecto The Grid, afirma por otra parte que la tecnología Grid podría hacer la Internet tan rápida que la gente podría dejar de almacenar localmente su información en computadoras de escritorio para confiarla en su totalidad a la Internet, de donde la podrían acceder desde cualquier lugar. (…) En el aspecto comercial, la web evoluciona en dirección a la distribución de contenidos multimediales, lo que le falta es velocidad. Ahora el CERN se despacha con esto. Cuando la relación abaratamiento/masividad llegue a un punto aceptable, podríamos estar en presencia de una segunda revolución.”
No importa la voluntad del hombre. El cambio es inevitable.
Topics: Web., sociedad | 4 Comentarios »










July 25th, 2009 at 1:14 pm
[...] alguna que, puestos así los terminos de la discusión, lo que debería variar es el esquema de los derechos patrimoniales de autor. De hecho, países similares al Perú, como Colombia, ya vienen introduciendo estos cambios. Según [...]
August 1st, 2009 at 5:57 pm
[...] se venga en adelante. Pero lo primero que hay que hacer es entender de qué se trata todo esto, del cambio que ya está aquí. De sincerarnos. Tanto público como artistas involucrados [y los que ven todo esto de reojo, para [...]
August 19th, 2009 at 4:13 pm
Interesante reflexión.
El tema de APDAYC y Radio Nacional me dejó tan sorprendida como a los pocos enterados sobre el tema. Este, lamentablemente, no es un tema de agenda nacional, y prácticamente la única manera de hacerle difusión (un poco más a profundidad) es por los medios digitales. Y, bueno, la ‘entrevista’ de Sifuentes a Massé en Radio Capital.
Justo acabo de terminar el librito de Chicho Durant. Confirmó todas mis sospechas.
Felizmente siempre estoy apta para el cambio :p
Saluditos!
November 5th, 2009 at 9:47 am
Muy buen artículo, debo decir.
En todo caso, en un lado pones: “atrazado”, y es con “s”, a menos que haya sido a propósito.
Saludos.